domingo, 20 de noviembre de 2016

El miedo al DDT

El miedo al DDT El origen del movimiento ecologista moderno no tiene que ver con la reciente fiebre antitransgénicos ni con la deforestación del Amazonas ni con el calentamiento global o el agujero de la capa de ozono. Es un poco más antiguo. En 1962, una menuda bióloga estadounidense, de apariencia frágil, Rachel Carson, escribió el libro Primavera silenciosa para denunciar los peligros del DDT. Éste es un insecticida cuya fórmula había sido secreta durante años, puesto que fue una de las bazas que utilizó el ejército estadounidense en la guerra del Pacífico, donde los insectos causaban más bajas que las balas japonesas. Una vez caducada la patente, el DDT se utilizó de forma exhaustiva para combatir la malaria u otras enfermedades causadas por insectos en países tropicales. Desde las páginas de Primavera silenciosa se alertaba de los peligros para el medio ambiente y la salud humana que se avecinaban si no imperaba la cordura y se prohibía esta letal molécula. En este primer libro ya aparecen todos los defectos que ha arrastrado el movimiento ecologista durante sus casi 50 años de existencia: escaso rigor científico en sus planteamientos, alarmismo injustificado y ofrecimiento de unas alternativas que tienen unas consecuencias peores que los presuntos males que se querían evitar. Primavera silenciosa no es una publicación científica que presente datos objetivos y los analice seriamente; de hecho nunca se sometió a la revisión por expertos obligatoria en cualquier publicación científica, sino que trata de contactar emocionalmente con el lector asustándolo. Se pasa por alto que las afirmaciones se apoyan en unos datos de escasa calidad.

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