domingo, 20 de noviembre de 2016

carne primero

La presencia de carne de producción ecológica es de momento meramente testimonial en las tiendas de alimentación, pero se puede conseguir en tiendas especializadas o por encargo. Hay dos factores que juegan en contra. Uno es de tipo práctico: las condiciones de producción son tan restrictivas que el producto final sale a unos precios astronómicos. El otro es sociológico: muchos entusiastas de la alimentación ecológica son vegetarianos. La principal diferencia respecto a la producción convencional es que implica que los animales estén sueltos por el campo un tiempo determinado y se alimenten de recursos del entorno, pasto o bosque bajo. Ya he explicado antes que en la leche se produce una notable mejora en la calidad por pastar. En la carne esta mejora es más limitada. A efectos del contenido nutricional o del sabor, no hay diferencias significativas, por lo que el sobreprecio no está justificado. A pesar de que dejar los animales sueltos suena bonito, puede presentar problemas. Que el animal coma lo que pille implica una falta de control en la alimentación que luego puede tener incidencia en temas de seguridad alimentaria. Se sabe, por ejemplo, que en zonas que también se destinan a cotos de caza, el ganado aviar se come los perdigones, por lo que luego aparecen niveles de plomo superiores a los permitidos en la carne o los huevos (ecológicos). Un antecedente histórico es la madre de Abraham Lincoln, que murió envenenada con tremetol. El tremetol es una sustancia tóxica que se halla en algunas hierbas como la Prenathes alba o lechuga blanca, que se encuentra en muchas praderas de Estados Unidos. En condiciones normales la planta acumula muy poco de este compuesto, pero al ser ingerido por las vacas se concentra en la leche. Esto fue lo que ocasionó la muerte de la madre del presidente. Leche que hubiera podido obtener el certificado de producción ecológica. Huelga decir que los envenenamientos por tremetol, y más en Europa, son muy infrecuentes. No es cuestión de asustar a nadie, que para eso ya están los ecologistas. Por suerte, las condiciones para ser considerada carne ecológica permiten el uso de neveras o cámaras frigoríficas (aunque no sé que tienen de naturales), por lo que el riesgo de contaminación, salvo que el animal haya comido alguna porquería, es similar a la producción convencional. Lo de las neveras no es baladí. Los reglamentos europeos y las diferentes modificaciones y anexos que se han hecho regulan qué se puede o no hacer en la producción ecológica. Nunca me ha quedado claro por qué un invernadero o una nevera son naturales, y una maceta con agua y sales para cultivo hidropónico no.

No hay comentarios:

Publicar un comentario